Por Mtro. Juan Carlos Villegas Manríquez. Integrante de la Red Ciudadana 4T Michoacán jcvmanriquez@gmail.com
La riqueza natural de Michoacán evidenciada en sus suelos volcánicos, su diversidad climática y su profunda sabiduría ancestral, no es un accidente geográfico, sino el punto de partida de una apuesta histórica: convertir el potencial agroalimentario del estado en bienestar compartido. Ese es el sentido profundo de la Cuarta Transformación: que la tierra que produce no sea la misma que sigue esperando. Bajo nuestro principio rector, “Por el bien de todos, primero los pobres”, el desarrollo no puede medirse únicamente por el volumen de producto interno bruto, sino por cómo se distribuyen los recursos, cuánto ganan los ciudadanos y a qué derechos tienen acceso. Michoacán exporta aguacate, berries, limón y mango, pero el valor agregado del empleo, la innovación, la rentabilidad traducida en ganancia, suele quedarse fuera del territorio. La transformación consiste exactamente en revertir esa lógica: que el fruto que nace en la tierra michoacana sea el mismo que genere desarrollo en las comunidades que lo producen.
Esta filosofía transformadora no es un eslogan, sino una ratificación de régimen político que separa el poder económico del poder público y recupera la rectoría del Estado para ponerla al servicio del interés colectivo. En el ámbito agroindustrial, esto significa que el Estado no puede ser espectador de la concentración de la riqueza, sino promotor activo de la inclusión productiva. Por ello, el Plan Nacional de Desarrollo 2025-2030 establece ejes como la Economía moral y trabajo y el Desarrollo sustentable, que son el marco ideal para articular la transformación de Michoacán. La creación de plantas regionales de procesamiento, la certificación inclusiva con estándares internacionales como Global G.A.P. o HACCP, y el fortalecimiento de cooperativas y empresas sociales no son ocurrencias: son la materialización de un modelo que pone a las personas en el centro y concibe el crecimiento económico con dos apellidos: sustentabilidad y bienestar.
El Humanismo Mexicano, eje vertebral del proyecto de nación, encuentra en Michoacán un territorio donde cobra carne y hueso. La soberanía alimentaria, la defensa del maíz criollo y la valoración de la cultura gastronómica no son nostalgia; son estrategias de desarrollo con identidad. Diversificar la oferta exportable hacia productos procesados, orgánicos y con denominación de origen no solo reduce la vulnerabilidad ante riesgos de mercado, sino que posiciona a Michoacán en nichos gourmet y saludables con creciente demanda internacional, generando empleos dignos y fortaleciendo el tejido comunitario. La infraestructura logística del Puerto de Lázaro Cárdenas, integrada con centros de frío y parques agroindustriales, puede convertir al estado en un corredor productivo que conecte el campo, la transformación y la exportación en un solo sistema territorial. Esa es la oportunidad que la Cuarta Transformación ofrece: no producir más, sino transformar mejor, para que el valor, el conocimiento y la identidad se queden en quien los genera. Michoacán tiene la tierra, la producción y la logística. La Transformación tiene la visión, los principios y el compromiso. Juntos están haciendo historia.
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