PISA 2025: ni triunfalismo ni catastrofismo

por | Sep 17, 2026 | Catalina Rosas Monge, Opiniones

Por Catalina Rosas
Una evaluación responsable de la educación exige algo más que observar una tabla de posiciones. PISA es un instrumento de diagnóstico, no una sentencia sobre el sistema educativo. Éste es uno de los puntos centrales que ha planteado la presidenta Dra. Claudia Sheinbaum, la prueba internacional debe analizarse considerando las condiciones sociales, económicas y educativas de cada nación. La misma prueba aplicada a países con profundas diferencias de desigualdad, infraestructura, acceso tecnológico y condiciones de vida no puede interpretarse como si todos partieran de las mismas circunstancias. Esto no significa desconocer los problemas. Significa analizarlos con mayor profundidad.
México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias. En matemáticas, solamente alrededor de 30% de los estudiantes alcanzó el nivel mínimo de desempeño. El dato debe considerarse. Sin embargo, también es necesario observar qué está ocurriendo en el resto del mundo. La propia OCDE informó que el desempeño promedio de sus países llegó en 2025 a sus niveles más bajos registrados en matemáticas y lectura. Entre 2015 y 2025, el promedio de matemáticas de la OCDE cayó 22 puntos y el de lectura 28. Es decir, la crisis de los aprendizajes no es exclusivamente mexicana ni puede explicarse únicamente por las políticas educativas de un gobierno determinado.
En ciencias, área principal de PISA 2025, México registró 414 puntos, frente a 410 en 2022. El cambio no debe exagerarse la propia OCDE advierte sobre su significación estadística, pero representa una señal de estabilidad en un contexto internacional de retroceso. En lectura, México disminuyó siete puntos respecto de 2022, mientras el promedio de la OCDE cayó 14 puntos. En matemáticas, México también disminuyó siete puntos, frente a una caída promedio de nueve puntos en la OCDE. Estos datos no permiten hablar de éxito educativo, pero tampoco justifican presentar el resultado como un fracaso exclusivamente mexicano. Hay rezagos que deben corregirse, pero también hay capacidades que deben preservarse y políticas que deben evaluarse con mayor tiempo para conocer sus efectos.
La propia evaluación de PISA incorpora dimensiones que van más allá de las puntuaciones. En esta edición, la OCDE puso especial atención en las actitudes de los estudiantes, como curiosidad, perseverancia y capacidad para aprender, además de incorporar el aprendizaje en el mundo digital. Y en este terreno México tiene elementos positivos que no deberían quedar ocultos por el debate político. La educación no puede reducirse a un ranking. Uno de los mayores riesgos de la discusión actual consiste en convertir PISA en un tribunal que determine si una política educativa es buena o mala. PISA es una herramienta internacional que tiene su valor, pero no mide por sí sola la formación ética, la convivencia, la identidad cultural, la participación comunitaria, la inclusión, la creatividad o la relación de la escuela con su entorno. Por eso, la posición de la presidenta Claudia Sheinbaum merece ser considerada en sus propios términos: no se trata de rechazar PISA, sino de rechazar la idea de que una sola evaluación pueda definir toda la calidad de la educación mexicana.
Una sociedad democrática necesita evaluaciones datos. Pero también necesita interpretar esos datos dentro de su realidad social. Los resultados de PISA representan, un desafío para la Nueva Escuela Mexicana, esta plantea una educación humanista, inclusiva, comunitaria e intercultural, con énfasis en el pensamiento crítico. Ahora corresponde demostrar que esa formación integral puede acompañarse de aprendizajes sólidos en matemáticas, lectura y ciencias. La verdadera transformación educativa consiste precisamente en integrar conocimiento, pensamiento crítico, humanismo y responsabilidad social. Por ello, los resultados de PISA deben servir para corregir aquello que no está funcionando, pero también para fortalecer aquello que sí ofrece resultados y para evitar regresar a modelos educativos que reduzcan la educación a la memorización o a la preparación para exámenes.
Ésta es una discusión mucho más profunda que cualquier ranking internacional. Una educación pública que incluya y enseñe, la defensa de la educación pública tampoco debe ser acrítica. Defenderla significa reconocer su importancia social y, al mismo tiempo, exigir que cuente con las condiciones necesarias para garantizar aprendizajes de calidad. México ha ampliado oportunidades educativas para sectores históricamente excluidos. Esa inclusión debe considerarse un avance. Pero existe una segunda parte del derecho a la educación: no basta con estar en la escuela; hay que aprender en ella. La transformación educativa debe lograr que una niña de una comunidad rural, un adolescente indígena o un joven de una colonia popular tengan las mismas posibilidades de desarrollar sus capacidades que quienes cuentan con mayores recursos. México necesita recuperar aprendizajes fundamentales; fortalecer la formación inicial y permanente de docentes; reducir las brechas sociales y digitales; vincular ciencia, tecnología y humanismo; y utilizar la evaluación para mejorar, no para castigar.
La presidenta Dra. Claudia Sheinbaum Pardo ha planteado que los resultados de PISA deben analizarse con una mirada más amplia que la de un simple ranking internacional. La educación mexicana tiene problemas que deben resolverse, pero también tiene capacidades, docentes, estudiantes y comunidades que representan una enorme fortaleza. Por eso, PISA 2025 no debería convertirse en un instrumento para descalificar a México. PISA debe leerse con seriedad, pero también con contexto; reconocer los rezagos no obliga a aceptar una interpretación catastrofista de la educación mexicana. Además, la propia OCDE señala que el desempeño promedio de sus países alcanzó mínimos históricos en matemáticas y lectura, mientras que México mostró estabilidad en ciencias y una caída menor que el promedio de la OCDE en lectura y matemáticas.
Si PISA muestra problemas, hay que atenderlos. Si muestra avances, hay que reconocerlos. Y si existen factores internacionales que afectan a prácticamente todos los sistemas educativos, también deben considerarse.
La verdadera evaluación de la transformación educativa no será solamente la posición que México ocupe en una tabla internacional, sino su capacidad para garantizar que todos sus jóvenes puedan aprender, pensar críticamente y transformar responsablemente la realidad que les corresponde vivir.

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